ETAPA
DOS
LA PRUEBA DE FONDO
Se trata, sin duda, de las más exigente de las pruebas.
No sólo porque el jinete recorre previamente el trayecto
a pie (de 18 a 20 km), sino sobre todo porque sus objetivos son
particularmente ambiciosos. La Prueba de Fondo está diseñada
para examinar la velocidad, resistencia y capacidad de salto a
campo traviesa cuando está bien entrenado y llevado al
máximo nivel de condición. A ello debe añadirse
un factor que exige al jinete inteligencia, experiencia e intuición,
pues se pondrá a prueba tanto su conocimiento del ritmo
como su juicio en torno a la capacidad y ola condición
del caballo.
Dividida en cuatro fases -de la A a la D- la Prueba de fondo comienza
a trote o galope lento. Tanto la fase A como la C son conocidas
como Caminos y Veredas, y su función es primero mover y
calentar al caballo, y después darle un breve descanso
tras la carrera de obstáculos. Durante estas fases se corre
a una velocidad promedio de 220 metros por minuto a lo largo de
una distancia que va de los 8,800 a los 18,700 metros, de acuerdo
con un grado de dificultad que se presenta con una, dos, tres
o cuatro estrellas.
Al término de la fase A, el jinete se enfrenta a una carrera
de obstáculos: la fase B, con seis a ocho vallas típicas,
para ser saltadas a una velocidad de entre 640 y 690 metros por
minuto, en un tiempo que va de tres y medio a cinco minutos. La
sanción por cada segundo excedido del tiempo óptimo
es de 0.8 puntos. Después de esta fase, comúnmente
seguida por caballerangos jueces de pista, familiares de los competidores
y público conocedor, surge la fase C, como un preludio
al gran espectáculo: la fase D, un momento emocionante
y conmovedor que consiste en el salto de obstáculos a campo
traviesa, a lo largo de un trecho que va de los 3,800 a los 7,890
metros, a una velocidad de entre 520 y 570 metros por minuto,
con 30 a 45 esfuerzos diferentes, cuya altura máxima oscila
entre 1.10 y 1.20 metros. Esta fase prevé un tiempo de
siete y medio a catorce minutos entre pendientes, zanjas, banquetas
y hasta estanques al descubierto, el jinete debe saber administrar
el rendimiento de su caballo, eligiendo ya sea un camino corto
e inseguro, o uno largo en el cual puede desarrollar mayores velocidades.
Toda esta fase de resistencia es de una enorme tensión
y exige una puntillosa supervisión veterinaria, antes y
después de la carrera.