ETAPA
UNO
El DRESSAGE
A simple vista, el dressage es una prueba sencilla. Sus aproximados
siete minutos de desempeño representan una dificultad relativamente
moderada para caballo y jinete, pero ha sido precisamente lo que
ha terminado por darle al dressage una gran estatura en La Prueba
de Tres Días: los niveles de competitividad y desempeño
se han incrementado a tal grado que los solos resultados del dressage
tienen una fuerte influencia sobre los resultados finales, y es
frecuente que la elevación del estándar máximo
conduzca a que los eventos principales sean decididos por estas
calificaciones.
Como primera parte de La Prueba de Tres Días, el dressage
se compone de veinte movimientos separados , que alcanzan un valor
de hasta diez puntos cada uno -calificación perfecta, prácticamente
improbable-, más cuatro calificaciones colectivas correspondientes
a ritmo, impulso, obediencia y posición del jinete. Así,
el total máximo de puntos asciende a 240, aunque cualquier
puntuaje superior al 70% se considera muy bueno. Para llegar a
la puntuación definitiva, se sigue un proceso aritmético
que comienza por obtener el promedio de la calificación
otorgada por tres jueces, para luego restarlo de los 240 puntos
y llegar de este modo a una calificación basada en los
puntos de las sanciones. El resultado se multiplica por 0.6, con
objeto de uniformarla con la base sobre la cuál se juzgarán
las otras dos fases. Una vez sumados los puntos de sanciones por
errores, la calificación restante se multiplica por un
factor de 0.5 y 1.5, lo cual permitirá que la calificación
del dressage ejerza su justa influencia sobre el resultado de
toda la competencia, con base en la dificultad relativa de la
carrera y las condiciones de la fase de resistencia.
Enmarcado por un silencio riguroso y tenso, el dressage es una
prueba de particular elegancia, con grandes exigencias de temple
para sus participantes, siempre obligados a ostentar la más
imperturbable gallardía.