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LA PRUEBA DE TRES DÍAS CLÁSICO ENTRE CLÁSICOS


Experiencia intensa, única, rica en tiempo y espacio

En sus orígenes, La Prueba de Tres Días era un evento militar. En tiempos de paz, los más destacados oficiales de caballería participaban en carreras, competían en saltos de obstáculos y dessagre, cazaban o jugaban al polo.
La prueba más dura de la historia olímpica, en México 68.

Así se disputó el Campeonato Francés de Caballos Militares, en 1902, y el torneo internacional de Bruselas, en 1905. Para 1912, esta prueba hace su debut en los Juegos Olímpicos de Estocolmo, y se disputa en cinco fases, a lo largo de cinco extenuantes días, bajo un sobrenombre que perdería con el tiempo:
La Militar. A partir de entonces, se inicia una lenta transición, que comienza rodeada de connotaciones militares y que década tras década irá transformándose hasta convertirse en una disciplina puramente deportiva, donde el tiempo y el espacio son lo suficientemente extensos para que todos, competidores y espectadores, vivan una experiencia única y particularmente intensa: compartir el trayecto con los competidores, experimentar en carne propia el dramatismo de los instantes mas álgidos, participar en una verdadera excursión a campo traviesa: eso, y muchas otras cosas, es la Prueba de Tres Días para el público que la presencia.

No hay examen más difícil, ni más excitante para jinete y caballo

Hasta la Segunda Guerra Mundial, los militantes dominan absolutamente la prueba: suecos, holandeses y alemanes arrasan con las medallas, y aún después de la guerra se observa una cierta preponderancia militar en Prueba de los Tres Días, aunque la participación civil va incrementándose notoriamente. En forma paralela, la calidad de los caballos participantes alcanza una constante superación, al grado de que en 1956 la misma reina Isabel II presta su caballo, Countryman III, al equipo británico que terminará llevándose la medalla de oro en Estocolmo.

México es un punto de referencia muy importante para estas competencias, pues fue precisamente en nuestro país, durante las Olimpiadas de 1968, que los competidores debieron enfrentar el reto más difícil en la historia de este deporte:las lluvias sobre Avándaro, sitio elegido para las competencias, convirtieron un pequeño arroyo en un torrente y terminaron por hacer de la prueba una experiencia particularmente dura para todos los participantes. Ya con un marcado dominio civil, las Olimpiadas de 1972 vieron triunfar nuevamente al poderoso equipo británico, que se había llevado el oro en México 68.
Después de los problemas ocasionados por las diferencias políticas que empañaron los juegos de 1980 y 1984, bloqueando la participación de varios países, Prueba de los Tres Días ha florecido en todo su esplendor; tanto en los juegos Olímpicos como durante los Campeonatos Mundiales.

Ello, en buena parte, se debe a las cada vez más altas exigencias de desempeño que presenta la prueba: hoy en día es necesario que el caballo elegido para competir en ella sea no sólo astuto, valiente y buen saltador, sino también experimentado en todo tipo de obstáculos y vicisitudes, de modo que resulte capaz de ofrecer a su jinete el temple necesario para una pronta capacidad de reacción. Pueden, ciertamente, participar los caballos de diversos tamaños y razas, pero las cualidades propias de los caballos pura sangre son particularmente deseables, sobre todo a lo largo de un evento donde el jinete y caballo son sometidos a la prueba más difícil y excitante que juntos pueden enfrentar.


 

 

 





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Etapa Dos

Etapa Tres

Convocatoria

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